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La salud de las medianas empresas españolas, un indicador complejo en el que intervienen múltiples factores, atraviesa claramente un periodo de transición hacia un escenario prometedor. Después de meses negros provocados por la crisis del coronavirus, en los que las expectativas de los directivos fueron predominantemente pesimistas, el tejido empresarial español hoy reconoce estar vislumbrando un horizonte económico esperanzador, con más oportunidades que obstáculos y mayor entusiasmo que el que muestran en su conjunto el resto de los empresarios de Europa y a nivel global.
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Así lo acredita la última oleada de nuestro Pulso de la Mediana empresa española en sus datos del primer semestre. Desde diciembre de 2020, el porcentaje de directivos españoles optimistas sobre la evolución de sus negocios se ha triplicado y ha protagonizado el mayor rebote de nuestra serie histórica, pasando del 24 al 60%, lo que nos sitúa en niveles no ya pre-COVID, sino en línea con los de la primera mitad de 2018, en que nos encontrábamos en un momento de crecimiento sostenido

Cabe suponer que ese optimismo recobrado se deba en parte a la situación sanitaria, con España entre los veinte países del mundo con mayor ritmo de vacunación y casi tres de cada cuatro habitantes inmunizados, pero también a los pasos dados en la tramitación y reparto de los 140.000 millones de euros de fondos Next Generation, de los que España ya ha recibido el primer cheque de 9.000 millones.

La inyección de vacunas y de fondos económicos están revitalizando la confianza de los empresarios de compañías mid-market y se muestran determinantes en una fotografía empresarial insólita que alumbra nuevos efectos y tendencias. Unos alicientes que explican, por ejemplo, que los porcentajes de empresarios que prevén mejorar sus ingresos y beneficios en el próximo año se hayan duplicado desde diciembre, situándose respectivamente en un 55 y un 46%.

Estos dos factores están estimulando el apetito exportador que pasa del 32% al 45%; el mejor dato de toda nuestra serie histórica, que se remonta a 2011. Un resultado que esboza una vibrante fase de internacionalización en España. Pese a las significativas dificultades que los empresarios siguen identificando en sus planes de entrada a nuevos mercados, han interiorizado, con buen criterio, que esta dimensión es una de las más importantes palancas de la recuperación. Así se comprobó en España en los años 70, durante la salida de la crisis del petróleo, en la de 2008, y todo apunta, según los extraordinarios datos de exportación que arroja el ICEX en el primer semestre del año, que también lo será en esta coyuntura.

La apuesta de Bruselas por la transformación digital a través de su histórico paquete de ayudas también ha catapultado las expectativas de inversión de los empresarios en esta línea, que pasa de 34%, durante las negociaciones de los Fondos europeos, al 53%, cuando se empezaron a clarificar detalles de la asignación de las ayudas para España. Asimismo, hoy, tras un año de estancamiento, 4 de cada 10 empresarios ya apuestan por la I+D.

Las expectativas de empleo que recoge nuestro Pulso y las cifras de paro que publica el Ministerio de Trabajo presentan una correlación lógica: los empresarios se van mostrando más optimistas en la medida en que va cayendo el desempleo. El mismo fenómeno se produce entre las expectativas de evolución de sueldos y los anuncios del Gobierno de subir el salario mínimo. Sin embargo, estas previsiones alentadoras contrastan paradójicamente con la creciente preocupación de los directivos por la falta de personal cualificado. Organizaciones empresariales del turismo, la hostelería o el comercio, por ejemplo, reconocen que este verano han tenido enormes dificultades para cubrir vacantes. Algo que los sindicatos apuntan a las mejorables condiciones y los expertos a la incertidumbre que hoy generan estos puestos; lo que ha provocado que las personas que buscan empleo apuesten por otros sectores hoy más solventes, como el de la construcción.

Aunque el diagnóstico de la mediana empresa española sea de nuevo favorable, conviene prestar especial atención a estos focos de riesgo que inquietan a los directivos. Trabas de negocio, como los costes energéticos, que ha aumentado 11 puntos, en un momento en el que se ha disparado el precio de la energía, o la burocracia y la regulación, el mayor quebradero de cabeza empresarial, en un contexto en el que múltiples Administraciones han desplegado cientos de normativas y legislación en un periodo breve.

En definitiva, incluso en momentos como el actual, en el que la salud de nuestras empresas medianas es claramente positiva, debemos analizar a fondo los datos disponibles para ser capaces de detectar qué sigue preocupando al middle-market patrio. Está claro que este segmento ha recobrado el pulso perdido durante los peores meses de la pandemia, pero con esto no es suficiente. Toca agrandar nuestras empresas medianas y dotarlas de mayor músculo financiero y competitividad internacional, para que jueguen un papel decisivo en la estructura macro de nuestro país. Estemos atentos a su evolución, porque las barreras que ahora perciben nos dan pistas de lo que, en los próximos meses, podría frenar nuestra recuperación.

Artículo publicado originalmente en el diario El Economista