Beatriz Lara Bartolomé, consejera de UniCredit

“La autoestima de las mujeres ahora sí importa. Las nuevas generaciones vienen pisando fuerte.”

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“Ser astronauta y tener un millón de amigos, como en la canción de Roberto Carlos”. Estos eran los sueños de Beatriz Lara Bartolomé cuando era pequeña. Hoy, con una intensa e intrépida carrera profesional a sus espaldas, Beatriz echa la vista atrás y ve una historia que es fiel reflejo de cómo la meritocracia consigue abrirse camino. Asegura estar “profundamente feliz” con lo conseguido, incluida la invitación al Centro Espacial Lyndon B. Johnson de la NASA para participar en un taller de innovación abierta del MIT, “aunque finalmente no haya conseguido pisar la luna”, bromea.

De madre española y padre italiano, Beatriz pasó los primeros años de su vida en Argentina, aunque ya en 1978 emigró con toda su familia a España. Allí y aquí se formó y recibió la inspiración de “maravillosos profesores” que guiaron su camino hacia una carrera que, al principio, no fue bien recibida en casa: apostó por la Física.

Pero ella tenía claro que quería romper moldes. “Soy afortunada porque siempre supe lo que quería hacer. Y ese es el motor que te va guiando, que te hace seguir adelante. Si no sabes qué quieres encontrar, es muy difícil que des con algo”. Apostó por un mercado incipiente, el de las telecomunicaciones móviles, en el que su tipo de liderazgo encajó como un guante: “Soy innovadora por naturaleza y en estos entornos es en los que doy lo mejor de mí”, asegura.

Tras ocupar puestos directivos en ITT-Nokia, AT&T Network Systems, Ericsson y Alcatel, dio el salto a la banca. Empezó en Innovación Tecnológica, asumió la dirección global de innovación de BBVA y posteriormente la de Transformación Corporativa. Hoy es consejera independiente de UniCredit, un gran banco paneuropeo basado en Milán, y de Fincomún, una entidad méxicana para la inclusión financiera. Sigue al día de la innovación en ciencia y tecnología gracias a su faceta de business angel y de sus colaboraciones como mentora en escuelas de negocio.

Asegura haberse encontrado siempre en entornos mayoritariamente masculinos, con pocas pero excelentes compañeras y colaboradoras que “me han ayudado mucho”. Y lejos de comulgar con aquello de que “hemos avanzado mucho en materia de igualdad”, asegura tajante que “como humanidad, aún nos queda muchísimo”.

“Solo un 25% de las mujeres del mundo está como nosotras ahora, haciendo una entrevista libre y hablando del desarrollo profesional femenino. La realidad es que el 75% de las mujeres del planeta está muy lejos de poder plantearse ninguna de estas cuestiones. Hemos avanzado mucho en nuestro pequeño universo de privilegios - en el cual, aún nos queda un largo recorrido hasta alcanzar la paridad - pero en términos globales estamos muy lejos”.

En su opinión, la raíz del problema es la falta de visibilidad. “Las mujeres somos invisibles”, asegura. El único camino posible es “seguir visibilizando a las mujeres, apoyarnos unas a otras y seguir construyendo modelos de referencia.” Donde sí ve un avance claro es en la comparación emocional con su hija: “Su autoestima está muchísimo mejor que la mía a su edad porque la autoestima de las mujeres ahora sí importa. Las nuevas generaciones llegan pisando fuerte”, admite entre risas. “Muchas veces le digo: ¡Perdona hija! Es que yo me crié en el patriarcado”.

El futuro nos depara, en opinión de Lara Bartolomé, grandes desafíos y en los que vamos a tener que aplicar de nuevo los principios de innovación. “La pandemia zanjó las discusiones bizantinas sobre la transformación digital y demostró que cuando la humanidad para, la naturaleza se regenera por sí misma. Este es ahora nuestro gran desafío. Porque nuestro problema como sociedad son los excesos. Nos hemos pasado de revoluciones”.

Por ello trabaja con otros consejeros independientes para traer a España la Iniciativa de Gobierno Climático del Foro Económico Mundial y defiende que nos encontramos ante el comienzo de una nueva era, la climática, que nos va a exigir un gran impulso para reinventarnos como sociedad. “Ya nos tocó hacerlo al principio de la era digital, con la llegada de la telefonía móvil”.

Reinventarse es, precisamente, su filosofía de vida. No en vano, en los últimos meses se ha lanzado a aprender a tocar el piano desde cero. “¡Para ruina de todos los que viven en mi casa!”.

 

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