Sostenibilidad

Marco TCFD Quedarse atrás puede salir caro a su empresa

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En la pasada COP26, los países del G7 aprobaron la presentación obligatoria de informes relacionados con el clima por parte de las compañías. Por tanto, es cuestión de tiempo hasta que el enfoque impulsado por el TCFD (Grupo de Trabajo sobre Divulgación de Información relacionada con el Clima, por sus siglas en inglés) se convierta en práctica habitual para las empresas internacionales.
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El marco desarrollado por el TCFD ya es obligatorio en algunas jurisdicciones y cada vez son más las grandes compañías que lo adoptan como modelo de gestión del riesgo medioambiental. Las empresas del mid-market que tomen medidas al respecto podrán impulsar sus cadenas de valor, aumentar la credibilidad ante los grupos de interés y conseguir un mayor acceso a una financiación e inversión vitales.

Cuando el Financial Stability Board (FSB) creó el TCFD en 2015, su objetivo estaba claro: identificar el tipo de información que las empresas deben comunicar para ofrecer a inversores, prestamistas y demás grupos de interés una visión clara de los riesgos climáticos que puedan afectar al valor de una compañía.

“El TCFD está desarrollando un papel clave a la hora de aportar claridad sobre la información de las empresas, impulsando el mayor cambio en materia de información empresarial desde la creación de la Comisión del Mercado de Valores de Estados Unidos (SEC) en la década de 1930", señala Mark Lemon, senior manager de ESG y sostenibilidad en Grant Thornton LLP (EE.UU.).

En un entorno regulatorio tan complejo como el actual, la adopción de las recomendaciones del TCFD está creciendo con fuerza. Según el Informe de situación del TCFD 2022, el apoyo al marco se extiende ya a 99 países y a prácticamente todos los sectores de la economía, con una capitalización de mercado combinada de unos 26 billones de euros. El informe indica que el 80% de las empresas presentan su información al menos con arreglo a una de las 11 recomendaciones del TCFD. Pero, ¿a qué nivel de preparación se encuentra actualmente la mediana empresa española?

En 2021, las directrices del TCFD sentaron las bases para la creación del marco global de información de sostenibilidad, impulsado por el ISSB (Consejo Internacional de Normas de Sostenibilidad). Su primer conjunto de normas se publicará a principios de 2023.

Tal y como explica Sarah Carroll, directora de informes de sostenibilidad en Grant Thornton International Ltd: “La calidad del marco del TCFD queda demostrada por el hecho de que el ISSB lo esté utilizando como base para sus futuras normas. La arquitectura y la terminología del marco del ISSB se basan en gran medida en las directrices del TCFD”.

Dada la urgente necesidad de informar sobre los impactos climáticos y la influencia cada vez mayor que ejercen las grandes compañías en sus cadenas de valor, las empresas del mid-market han de actuar ya mismo para no quedarse rezagadas en este ámbito. El reciente estudio puesto en marcha por Grant Thornton, y que analiza al detalle el nivel de preparación de la mediana empresa con relación al reporte de sostenibilidad, revela que todavía queda mucho trabajo que hacer en el grueso de la mediana empresa en España. De hecho, el 32% de los directivos del mid market nacional reconoce que en la actualidad no reporta todavía sobre ningún aspecto relacionado con las emisiones de efecto invernadero y un 12% no tiene por el momento planes para hacerlo en un futuro.  En la comparativa con el resto de los países, la cifra de compañías españolas que todavía no realizan mediciones sobre estos aspectos está incluso cuatro puntos por encima de la media europea (28%) y hasta 11 puntos de la media global (22,9%).

Conviene recordar en este punto, que el Consejo Internacional de Normas de Sostenibilidad (ISSB) anunció tras su reunión del pasado octubre que exigirá a las empresas aportar información sobre sus emisiones de alcance 1, 2 y 3, por lo que resulta evidente que queda todavía camino por andar.

2021-jaime-romano-circulo-blanco.pngEn consecuencia, y en comparación con la media de la empresa europea, la empresa española tiene aún un claro recorrido hacia la adopción de las mejores prácticas ESG y sobre todo en la concienciación de sus órganos de gobierno de la importancia que va a tener, y no solo como mera obligación normativa, la adopción de criterios ESG en sus estrategias a medio y largo plazo. Cada vez más la regulación va a ser más exigente en cuanto a las necesidades de reporting de criterios ESG y las empresas deben anticipar, planificar y obtener adecuadamente, los datos necesarios para reportar y gestionar sus actividades en esta materia, afirma nuestro experto en estrategia de sostenibilidad, Jaime Romano.

Sergi_Puig_Serra_2020-circulo-blanco.jpgEn esta línea, nuestro experto en assurance no financiero, Sergi Puig-Serra, ratifica que las nuevas normativas no sólo nos van a exigir reportar información sobre el impacto de nuestras empresas en el clima, sino que también deberemos fijar objetivos medioambientales claros a medio y largo plazo, siendo uno de los más importantes el referente a las reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

 

La urgente necesidad del marco TCFD

“Los inversores buscan empresas que actúen como si el año 2050 fuera dentro de 10 años, y no dentro de 28", advierte Katerina Katsouli, directora de ESG y sostenibilidad de Grant Thornton en Grecia.

El mensaje es claro: los inversores dejarán de lado a aquellas empresas que se queden rezagadas en la adopción de la agenda de sostenibilidad. El último informe de Grant Thornton sobre el mid-market mundial lo confirma: la mejora de la reputación ante los grupos de interés es un beneficio clave de la presentación de informes relacionados con el clima, tal y como indica el 25% de las empresas consultadas.

Y los problemas van más allá de las exigencias de los inversores. Laura Tibbetts, directora del equipo de asesoramiento de contabilidad financiera de Grant Thornton en Reino Unido, apunta que muchas entidades financieras están obligadas a vincular la información de sus estados financieros y sus carteras de préstamos con los avances conseguidos hacia el objetivo de cero emisiones netas.

“Existe el riesgo de que las empresas que no tengan una estrategia creíble en el ámbito ESG no puedan acceder a financiación o bien esta conlleve unos costes muy elevados. Para las entidades financieras, la ausencia de una estrategia adecuada representa un incremento del riesgo", explica Tibbetts.

Katsouli afirma que están en juego importantes imperativos comerciales. "En 10 años, la economía europea contará con unos productos y servicios completamente diferentes a los actuales. Las compañías que inviertan en tecnologías y productos respetuosos con el medio ambiente conseguirán una ventaja competitiva sostenible, mientras que las que no lo hagan se enfrentarán a importantes problemas para su desarrollo".

Las empresas que sean capaces de integrar la concienciación y mitigación del cambio climático en el seno de su organización —desde la planta de producción hasta el consejo de administración— conseguirán los mayores beneficios durante este periodo de transición, apunta Tibbetts. "La necesidad de rendir cuentas está obligando a las empresas a adoptar comportamientos más sostenibles, lo que a su vez las hace más atractivas para los inversores, clientes, entidades financieras y demás partes interesadas", afirma. "Estamos ante un círculo virtuoso".

La sostenibilidad va mucho más allá de una mera obligación. Conocer los beneficios a medio y largo plazo que aporta una estrategia sostenible adaptada a las nuevas necesidades ayuda sin duda a su desarrollo y puesta en marcha. Especialmente revelador resulta que entre los directivos españoles que todavía no realizan mediciones sostenibles, un 46% confiese desconocer qué tipo de ventajas les reportaría, al igual que los empresarios europeos, donde un 33% se manifiesta también en los mismos términos.

Según Jaime Romano, los órganos de Gobierno de las empresas cuentan con un reto apasionante en los próximos años, que debe llevarles a situar los criterios ESG en el centro de sus estrategias para conseguir una clara ventaja competitiva respectos de sus competidores. Este hecho ya se ha demostrado por muchas compañías internaciones que ya han adoptado y calculado el impacto de la implantación de sus estrategias de sostenibilidad; llegando a la conclusión de que el impacto en sus resultados es siempre positivo, unido a la mayor y mejor percepción que genera la empresa entre sus grupos de interés.

También les permite mejorar aspectos reputacionales entre sus grupos de interés, captar y retener talento y conseguir mejores indicadores financieros y económicos: ser sostenible es también ser rentable, explica Sergi Puig-Serra.

 

El marco TCFD: principales retos para las empresas

Las ventajas que aporta la rendición de cuentas son considerables, como también lo son los desafíos que conlleva el cumplimiento de las recomendaciones del FSB. Entre ellos se encuentran las complicaciones derivadas del propio marco del TCFD con respecto al tipo de información que se ha de comunicar.

En general, existe un conocimiento generalizado entre los empresarios españoles de la mediana empresa de que vendrán cambios normativos de relevancia, aunque por el momento los planes de acción no están demasiado sustanciados. El 38% afirma que se encuentra todavía en la fase inicial de identificación de las novedades para la planificar el nuevo enfoque, mientras que el 36% asegura que están ya revisando sus estructuras y adaptando los procesos internos de información como preparación previa a la aprobación de la nueva norma. Solo el 25,6% de los directivos nacionales reconoce que está probando ya de forma proactiva nuevos enfoques de información antes de que las nuevas normas sean obligatorias.

Nuestro experto, Jaime Romano, apunta que los cambios normativos en ciernes van a ir en la línea de profundizar, no solo en aspectos medioambientales, sino en aspectos de gobernanza y en aspectos sociales. Precisamente, los aspectos sociales van a tener una importancia capital en el desarrollo de las decisiones empresariales porque sus actuaciones en este sentido no van a afectar exclusivamente a sus propios empleados, sino a sus clientes, proveedores, reguladores y demás grupos relacionados con la empresa. Consecuentemente, cuanto antes comiencen las empresas a incorporar su visión ESG, antes empezarán a obtener resultados generados por dichas actuaciones y a mejorar su posicionamiento en los mercados nacionales e internacionales donde operan.

Los empresarios encuentran tres dificultades principales. La primera de ellas es la escasa o nula experiencia por parte de las empresas a la hora de analizar y reportar con precisión el escenario de cambio climático que afecta a sus organizaciones. Esta inexperiencia no solo genera riesgos, sino que hace que se necesiten nuevos recursos y conocimientos, ya sea dentro de la empresa o ajenos a la misma.

En segundo lugar, nos encontramos con el problema del acceso a los datos pertinentes, lo cual es especialmente complicado en las empresas más pequeñas que no han necesitado recursos especializados en este ámbito.

En tercer lugar está la cuestión de la gobernanza. ¿Dispone el consejo de administración de los procesos y controles internos necesarios para supervisar los aspectos relacionados con el clima? ¿Tiene en cuenta las cuestiones climáticas a la hora de fijar la estrategia? ¿Y cómo mide los progresos conseguidos? Estas preguntas son igualmente aplicables al equipo de dirección.

Los directivos nacionales son plenamente conscientes de la importancia de contar con un equipo verdaderamente concienciado a todos los niveles para adaptarse a las próximas exigencias normativas en materia de sostenibilidad. De hecho, el 34% reconoce que resultará imprescindible garantizar la integración de la sostenibilidad a todos los niveles de la organización, mientras que la misma proporción considera necesario la alineación de las recomendaciones por la vía de la creación de un grupo de trabajo específico encargado de la divulgación para que se trabaje para su puesta en marcha. Por su parte, el 29% no se olvida de poner el foco en desarrollar unas medidas sólidas de auditoría y control sobre la sostenibilidad.

La comunicación de las actuaciones en materia de sostenibilidad no se basa exclusivamente en la generación de una serie de datos que cumplan una serie de requisitos en materia de calidad, relevancia, materialidad, fiabilidad, etc., sino que adicionalmente deben venir avalados por terceros que garanticen tanto el proceso de obtención de dichos datos como su adecuación a los requerimientos normativos existentes en cada momento. Este proceso, unido a la irreversible avalancha regulatoria que se anticipa en todos los países de nuestro entorno, debe reforzar progresivamente la importancia de las áreas de sostenibilidad en las empresas y su papel como apoyo a los órganos de decisión de las empresas en cuanto a la toma de decisiones empresariales en aspectos ESG, añade Jaime Romano.

Según Sergi Puig-Serra, las empresas deberán incorporar profesionales formados en materia de ESG que sean capaces de integrar la sostenibilidad de forma transversal a toda la organización. La sostenibilidad no debe percibirse como actuaciones concretas y temporales, sino que debe formar parte del ADN de la empresa, de su estrategia y su misión; este proceso de cambio debe realizarse con el convencimiento absoluto de los más altos órganos de dirección de las empresas que deben ser los responsables de integrar estos aspectos en la cultura de la organización.

A continuación incluimos una guía práctica que ilustra qué pueden hacer las empresas para abordar estos retos.

 

Marco TCFD — ¿Por dónde empezar?

1. Entender el marco temporal y la complejidad

Por ejemplo, la regulación en torno a la información sobre el clima, que suele incluir información sobre las emisiones, llegará próximamente al Reino Unido, a la UE, a Estados Unidos y a muchas otras partes del mundo. Pero el desarrollo e implantación de un programa eficaz de gestión de gases de efecto invernadero (GEI) constituye un proyecto de gran envergadura.

Las empresas no deben infravalorar el tiempo, el esfuerzo y la complejidad que supone integrar las cuestiones climáticas en el seno de la empresa, sobre todo aquellas entidades que no hayan reportado anteriormente sobre este ámbito. Las organizaciones han de entender desde el principio quién va a ser el responsable de impulsar este proyecto, y asegurarse de que cuente con los conocimientos y recursos necesarios.

2. Definir una hoja de ruta viable

El siguiente paso para que los nuevos procesos de reporting sean efectivos consiste en desarrollar una hoja de ruta adecuada para que la organización cumpla sus objetivos en el plazo necesario. A menudo, las empresas se fijan unas ambiciosas metas sin explicar cómo van a alcanzarlas.

"La empresa debe analizar sus obligaciones de información y las medidas que debería adoptar si tuviera que rendir cuentas hoy mismo", aconseja Tibbetts. "¿Qué tendría que incluir esa información, y cómo se contrasta con las mejores prácticas, con la información de sus homólogos y con otros competidores de su sector? Piense en lo que quiere que diga su informe, trabaje a partir de esa información y céntrese en las lagunas de información que surjan durante el proceso."

3. Crear un marco de información interna eficiente y eficaz

Para establecer unas métricas fiables en el ámbito climático es necesario contar con unos fundamentos sólidos. Si la organización documenta la información en la que se han basado las decisiones de cada parte del proceso, le resultará más fácil justificar futuros requisitos de información y de verificación, y podrá facilitar los procesos necesarios a largo plazo al resto de partes implicadas.