El sentimiento de mercado continúa siendo muy negativo. La opinión más extendida es que el ciclo global está próximo a su fin y que, además, existen riesgos importantes que podrían hacer que la situación se complicara de un modo significativo.
A pesar de todos los ruidos (Italia, política comercial de Trump, mercados emergentes…), el proceso de reflación en la economía global sigue en marcha y va a tender a volverse cada vez más evidente. Así las cosas, los tipos de interés a largo plazo van a tener que ajustarse al alza de un modo significativo. Por lo demás, y aunque seguimos pensando que el proceso de endurecimiento de las condiciones financieras globales puede tener lugar de un modo ordenado, el hecho de que los riesgos de recalentamiento en EEUU sigan aumentando aumenta la probabilidad de que podamos vivir escenarios de volatilidad en los mercados.
La situación macro global sigue siendo positiva: EEUU está muy fuerte, la desaceleración europea es temporal y la mayoría de economías emergentes presenta fundamentos sólidos. Pese a las evidencias de reducción de capacidad ociosa y de incipientes presiones al alza en precios y salarios, el mercado parece seguir convencido de que vivimos en un mundo sin ninguna o con muy poca inflación, con unos tipos de interés que permanecerán bajos de forma permanente.
Hasta el verano de 2016, las visiones más negativas del mundo fueron lo que dominaron los mercados: previsible colapso de la economía china; recesión en EEUU a consecuencia de los problemas en el sector energético; Brexit como factor que iba a desencadenar el fin del proceso de integración en Europa; estancamiento secular, entendido como una situación de deficiencia estructural de demanda que iba a abocar al mundo a quedar atascado para siempre en un entorno de bajo crecimiento y riesgos deflacionistas…
La buena situación de la economía global y las mejores señales de precios y salarios empiezan a meter presiones alcistas sobre los tipos de interés. En nuestra opinión, sin embargo, el movimiento no ha hecho sino comenzar: son necesarias subidas todavía muy apreciables en los tipos de interés a largo plazo para que éstos empiecen a reflejar de modo mínimamente razonable la evolución económica previsible para los próximos trimestres, tanto en términos de crecimiento como de inflación. La cartera del fondo sigue posicionada precisamente para beneficiarse de ese escenario.
El fuerte impulso positivo de la economía global desde hace ya más de año y medio ha venido a quitar la razón a los que defendían la visión de que el mundo se encontraba atascado en un período largo de bajo crecimiento económico (secular stagnation).
El positivo comportamiento de la economía global desde el verano de 2016 ha venido a quitar la razón a los que defendían la visión de que el mundo se encontraba atascado en un período largo de bajo crecimiento económico
España se beneficia de los ajustes de competitividad
Durante el período reciente, la conjunción de dos factores ha tendido a generar complacencia en los mercados financieros.