Mientras América del Norte y del Sur la conciben como una vía hacia la ventaja competitiva y el acceso al capital, Europa está convirtiendo la regulación en eficiencia operativa; Asia‑Pacífico vincula el ESG con la innovación y la digitalización; y África prioriza el refuerzo de infraestructuras básicas de energía y agua para impulsar el crecimiento.
En este contexto, el 85,9 % de las empresas medianas afirma que seguirá invirtiendo en sostenibilidad. Esta cifra adquiere una relevancia adicional a medida que la guerra en Irán interrumpe los flujos de petróleo a través del Estrecho de Ormuz, lo que previsiblemente impulsará nuevas conversaciones sobre energía sostenible y someterá a un mayor escrutinio a las empresas con alta dependencia del carbono, en un entorno marcado por la volatilidad de los precios del petróleo.
En definitiva, la sostenibilidad no es todavía un lenguaje universal. Aunque se trata de una ambición compartida a escala global, sigue estando profundamente condicionada por las realidades locales. Basándose en nuestro informe de 2025, 'Escalar la sostenibilidad: Cómo el middle-market refuerza su estrategia de futuro', este artículo analiza esas prioridades regionales y las oportunidades comerciales que generan.
Intenciones de inversión: Un impulso global, con matices regionales
En términos generales, las empresas del middle-market muestran una fuerte intención de mantener o aumentar su inversión en sostenibilidad, lo que pone de manifiesto hasta qué punto ésta influirá en la competitividad y en los flujos de capital entre regiones.
Norteamérica (90,1 %) y Sudamérica (94,0 %) se sitúan en primera posición. Esto refleja un reconocimiento creciente de la sostenibilidad como motor de ventaja competitiva y como elemento clave para fortalecer la confianza de los grupos de interés. En ambas regiones, la sostenibilidad está emergiendo como un factor diferenciador esencial, y las empresas que continúen invirtiendo podrán obtener una ventaja clara a la hora de atraer operaciones o nuevo capital.
África (75,4 %) y Asia‑Pacífico (83,4 %) también muestran un compromiso significativo con la inversión, aunque siguen equilibrando sus ambiciones en sostenibilidad con otras prioridades, como el desarrollo de infraestructuras, la digitalización y la resiliencia económica. Este impulso confirma el papel de la sostenibilidad como palanca de transformación económica y de atracción de inversión a largo plazo.
Por otra parte, Europa (82,8 %) refleja un entorno regulatorio más maduro, con numerosas empresas de middle-market ya sujetas a exigentes requisitos ESG. Sin embargo, el foco parece estar desplazándose de aumentar la inversión a optimizar e integrar iniciativas existentes, especialmente a la luz del ligero alivio regulatorio observado en el paquete Omnibus 2025 de la Comisión Europea. Las empresas que tratan el cumplimiento normativo como una herramienta estratégica pueden reducir costes y, al mismo tiempo, acceder a mejores condiciones de financiación.
Como bien afirma Sergi Puig-Serra, socio de Auditoría y Assurance No Financiero: “La sostenibilidad ha pasado de ser un ideal corporativo a convertirse en un eje estructural de la competitividad económica. El middle-market español está demostrando que esta práctica ya no es sólo una exigencia reputacional, sino un motor real de crecimiento, eficiencia y acceso a capital.”.
Estas señales de inversión no solo evidencian ambición, sino que también definen las prioridades estratégicas que emergen en cada región.
Enfoque estratégico: Diferentes prioridades, temas compartidos
Aunque las energías renovables son la principal prioridad de inversión en todas las regiones, el resto de áreas de enfoque en sostenibilidad varía en función de las condiciones del mercado local y de las expectativas sociales.
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Sudamérica enfatiza las energías renovables (54,1%), la reducción de residuos (39,3%) y el contenido reciclado (33,9%), alineándose con la abundancia de recursos naturales y la presión para frenar la degradación ambiental.
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Norteamérica equilibra las prioridades medioambientales y sociales: energías renovables (45,7%), diversidad e inclusión (42,1%), reducción de residuos (40,9%) y nuevos productos sostenibles (40,8%), viendo la sostenibilidad tanto como un imperativo moral a través del compromiso con la DE&I, como una oportunidad de mercado a medida que las empresas desarrollan nuevos productos.
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Asia-Pacífico conecta la sostenibilidad con la transformación: energías renovables (37,5%), digitalización para eficiencia (37,0%), diversidad e inclusión (35,5%) y nuevos productos (35,2%), vinculando el ESG con la innovación y la competitividad.
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África se centra en las fundaciones: energías renovables (48,5%), gestión de residuos (33,0%) y agua limpia (28,4%), abordando las carencias de infraestructuras y desarrollo económico a largo plazo.
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Europa refleja la madurez regulatoria: energías renovables (48,1%), digitalización (31,7%) y reducción de carbono (31,5%), alineadas con la política climática de la UE y un enfoque en la optimización.
Estas diferencias configuran tanto las oportunidades transfronterizas como las expectativas del mercado. Por ejemplo, una empresa tecnológica mediana en Asia‑Pacífico obtiene ventaja al demostrar avances mediante datos auditables y rendimiento digital; un fabricante en Sudamérica protege sus ingresos y su licencia para operar acelerando prácticas de economía circular; los exportadores hacia Europa ganan en eficiencia y preparación normativa; las empresas norteamericanas orientadas al crecimiento convierten la sostenibilidad en capacidad de fijación de precios, confianza del inversor y opciones de salida; y las compañías que operan en África impulsan la productividad y reducen riesgos mediante soluciones básicas de energía y agua.
Comprender estas particularidades permite alinear las estrategias empresariales con la demanda local y los estándares globales, facilitando decisiones más ágiles, reduciendo riesgos en la expansión y transformando la sostenibilidad en un motor de crecimiento rentable y duradero.
Desde el cumplimiento hasta la ventaja competitiva
El argumento económico de la sostenibilidad converge en el valor que puede aportar al negocio —ya sea aumentando las exportaciones o reduciendo costes—, aunque la forma que adopta ese valor varía significativamente entre regiones.
En Norteamérica, los líderes consideran la sostenibilidad una palanca de crecimiento y creación de valor, con una elevada confianza tanto en el corto como en el largo plazo. Destacan las expectativas de impulso a las exportaciones (47,8 %) y la preparación para una eventual salida (39,7 %). Esta visión de largo recorrido se refleja, por ejemplo, en Texas, un estado históricamente vinculado al petróleo y el gas que hoy lidera la producción de energía verde en Estados Unidos, reforzando su resiliencia ante fluctuaciones en los precios del crudo, como las actuales derivadas de las tensiones en Oriente Medio.
Asia‑Pacífico asocia la sostenibilidad con la innovación y el acceso a nuevos mercados, enfatizando la transformación empresarial y la preparación de los proveedores. Las empresas de la región muestran una expectativa superior a la media de que la sostenibilidad impulse las exportaciones (43,6 %).
En Europa, la madurez regulatoria desplaza el foco desde los compromisos hacia el desempeño operativo. Las empresas medianas convierten el cumplimiento normativo en eficiencia y acceso a capital más barato, destacando la reducción de costes (39,5 %). Sudamérica, por su parte, equilibra la cautela a corto plazo con una fuerte convicción a largo plazo, priorizando las energías renovables y la circularidad como vía para reducir costes (48,7 %) y construir resiliencia. África adopta un enfoque pragmático, donde los beneficios comerciales crecen a medida que los facilitadores fundamentales amplían el acceso a capital y mercados, con una sólida creencia (53,0 %) en la rentabilidad a largo plazo de estas inversiones.
Para las empresas con ambición de crecimiento, estos objetivos deben actuar como un mapa para la inversión. Allí donde se priorizan las exportaciones —especialmente en Norteamérica y Asia‑Pacífico—, el valor inmediato reside en el acceso a más mercados y clientes, lo que exige invertir en datos verificables de producto y en la trazabilidad de la cadena de suministro.
Cuando el enfoque está en la preparación para la salida (Norteamérica), la clave es la valoración: utilizar la sostenibilidad para reducir fricciones en los procesos de due diligence mediante estándares internacionales de reporte, divulgaciones más claras, menor exposición energética y hojas de ruta creíbles.
En los mercados donde lidera la reducción de costes (Europa y Sudamérica), el objetivo es maximizar márgenes: eficiencia energética, reducción de residuos y digitalización de procesos para generar ahorros inmediatos y acceder a financiación más competitiva.
En entornos más cautelosos, como ciertas partes de África, el valor se construye a través de la resiliencia operativa y el atractivo para el inversor, apoyando soluciones básicas de energía y agua y reforzando la calidad de los datos para reducir riesgos y aumentar la transparencia.
El valor existe en todas las regiones, pero se activa de formas distintas. Las empresas de mercado medio más exitosas adaptan sus estrategias a las realidades locales sin renunciar a un estándar global de datos, divulgación y ejecución.
Un objetivo común, con múltiples caminos
Los datos transmiten un mensaje claro: aunque existe una ambición global compartida de escalar la sostenibilidad, los caminos para alcanzarla son profundamente locales.
José Manuel López, Socio de Auditoría, señala: “La apuesta por la sostenibilidad se ha consolidado como un eje estratégico de las empresas del middle-market nacional, que entienden que este tipo de iniciativas son determinantes para mantener su competitividad y eficiencia en el mercado.”
Cada región aporta su propio contexto, definido por la regulación, la infraestructura, la cultura y la madurez del mercado. Para algunas, la sostenibilidad es una vía directa hacia la innovación y el crecimiento; para otras, una herramienta de resiliencia, inclusión o eficiencia. En muchos casos, es la combinación de todos estos factores.
El éxito reside en adaptar las estrategias de sostenibilidad al contexto regional, alineando la ambición con la realidad para desbloquear valor a largo plazo. Para las empresas medianas, esto implica ir más allá de un enfoque uniforme y abrazar la diversidad de los procesos de sostenibilidad a escala global. Quienes actúan ahora, ajustando su estrategia a las particularidades regionales, avanzarán más rápido, reducirán riesgos y asegurarán su posición en mercados globales cada vez más exigentes.
Para profundizar en el camino sostenible del mercado medio y conocer cinco recomendaciones clave sobre cómo maximizar los beneficios de la sostenibilidad, te invitamos a leer nuestro informe Escalar la sostenibilidad.