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Valorar start-ups: una combinación de ciencia y arte

Determinar el valor de una start-up puede ser todo un reto

Los emprendedores deben decidir a cuánto están dispuestos a renunciar a cambio de que inviertan en ellos y los inversores deben evaluar su siguiente operación.

Normalmente, la valoración de cualquier nuevo activo económico se basa en el cash flow futuro previsto, descontado en base a una tasa que refleje el riesgo inherente que afronta la empresa. Sin embargo, hacerlo bien exige una compleja combinación de ciencia y arte. 

 

Ciencia: el dilema del cash flow

La mayoría de las start-ups comparten las mismas características: son innovadoras; se basan en una idea (que tiene posibilidades de alterar el mercado); y se apoyan en tecnología punta. Además, hay una confianza importante en el emprendedor, que se esfuerza por hacer realidad esa gran idea. La energía incesante y la agilidad son necesarias para no perder el ritmo de los dinámicos cambios que se producen en el mercado.

Esta combinación de innovación y emprendimiento presenta incertidumbres importantes a la hora de determinar el cash flow de la empresa.

 

El desafío de valorar una start-up

Todas estas variables hacen que el proceso de valoración de una start-up sea muy complicado. No solo por la falta de datos financieros históricos, sino también por la dificultad de evaluar un producto o servicio que implica una nueva forma de hacer las cosas. Asimismo, es probable que la empresa tenga pérdidas en sus primeras fases.

Lo habitual es que los factores que determinen las tasas de descuento se basen en datos del mercado. Pero incluso cuando las valoraciones se hacen a partir de transacciones comparables o múltiplos, queda implícito el retorno que se llevarán los inversores.

Esto no quiere decir que la valoración de una start-up deba realizarse al margen de los criterios económicos básicos o tradicionales. Sin embargo, un tasador de una start-up debe entender que es probable que los principales activos de la empresa sean intangibles. Estos intangibles podrían ser ideas transformadoras, normalmente basadas en una plataforma tecnológica. Igualmente, podrían ser la creatividad del emprendedor, su capacidad para poner en marcha un negocio y el desarrollo continuo de ideas.

 

Los métodos tradicionales de valoración necesitan un cambio radical

En un entorno empresarial innovador, las herramientas tradicionales de valoración (como el descuento de flujos de caja o los múltiplos) pueden no ser adecuados para entender el valor de una start-up. ¿Se debe aplicar, por tanto, un enfoque de valoración alternativo, más artístico? Tanto el inversor (comprador) como el emprendedor (vendedor) pueden tomar en consideración información cualitativa que les ayude a evaluar la empresa, aunque hay muchos aspectos subjetivos a tener en cuenta:

  • la capacidad del emprendedor para poner en práctica la idea;
  • el perfil comercial del emprendedor;
  • la compatibilidad entre comprador y vendedor;
  • la capacidad del emprendedor para seguir desarrollando el producto y aprovechar las oportunidades de mercado (actuales y futuras);
  • la fase de madurez de la empresa;
  • los riesgos de la tecnología;
  • la escalabilidad;
  • la probabilidad de una salida lucrativa.

 

Licencia artística

En este contexto, se podría establecer un paralelismo con el mercado del arte. Al comprar una obra de arte, incluso aunque el mercado sea maduro, el precio pagado se basa en la perspectiva subjetiva del comprador. No se centra en la generación inmediata de cash flow por parte del activo, sino más bien en su posible aumento de precio. Esta percepción depende de la originalidad y el atractivo estético del activo, además de la creatividad del artista.

 

Equilibrar ciencia y arte: ¿cuáles son las opciones?

En la actualidad, junto a los métodos tradicionales del descuento de flujos de caja y los múltiplos, existen diferentes metodologías para evaluar start-ups. Se suelen utilizar dos:

  •  la metodología de Berkus: una regla general sencilla que basa su tasación en aspectos cualitativos de la empresa;
  •  la metodología de la suma de riesgos: que compara doce características de la start-up, desde la concepción hasta una eventual salida lucrativa.

 

¿Cómo sé si uno de estos métodos es adecuado para mi empresa?

No existe una metodología de valoración que sirva para todos los tipos de start-ups. Sin embargo, hay varios ajustes del enfoque financiero tradicional que deben tenerse en cuenta. Una valoración sensata debe basarse en un modelo que combine enfoques financieros convencionales y una metodología más cualitativa basada en los riesgos, que se adapte al mercado y a la fase del ciclo de vida de la empresa.

Debido a las características de las empresas emergentes y a las incertidumbres asociadas a ellas, las start-ups deben ser valoradas de forma sistemática. Para lograrlo, es necesario considerar cada variable identificable y adaptarla a las características especiales de la empresa que se valora.

 

En cualquier análisis, las principales variables que se deben revisar y adaptar son:

  • Los beneficios y las previsiones de cash flow, en particular con un enfoque crítico ascendente o descendente del potencial de mercado de la empresa.
  • El valor de salida y, si se utiliza un valor final, hipótesis razonables del crecimiento del cash flow a perpetuidad.
  • La tasa de descuento en un análisis de cash flow descontado, a poder ser evitando el uso de «tasas objetivo» arbitrarias para considerar las incertidumbres existentes, y teniendo en cuenta los análisis comparativos con empresas maduras del sector.
  • Las start-ups, al igual que las bellas artes, suponen un desafío a la hora de hacer valoraciones precisas. Sin embargo, el uso de una combinación de metodologías puede ofrecer un valor más exacto.