La morosidad complica aún más la liquidez de las empresas

ESTRATEGIA FINANCIERA, 01/06/09
por José María Fernández, Socio Director General de Audihispana Grant Thornton

 

La época de mayor bonanza económica en la reciente historia española, basada en un modelo de crecimiento con fecha de caducidad, ha llegado a su fin. No fueron ni los gurús de la economía ni los gobiernos los que anticiparon el inicio del fin de un ciclo, sino las empresas, termómetro sensible que capta con antelación los signos de los futuros datos macroeconómicos.

Durante los últimos 17 años el International Business Report (IBR) de Grant Thornton viene estudiando la tendencia y expectativas empresariales en las principales economías del mundo, a través de encuestas periódicas a empresarios y directivos de grandes y medianas empresas. Observando sus series históricas se ve claramente como el tejido empresarial español anunció ya a finales de 2007 el drástico cambio de tendencia de nuestra economía: tan sólo un 33% de los empresarios y directivos eran entonces optimistas de cara al 2008, 20 puntos menos que el año anterior y el mayor grado de pesimismo de la Unión Europea. Volvieron a dispararse todas las alarmas cuando en otoño de 2008 un 80% de compañías consideraban que la situación económica de nuestro país empeoraría durante el 2009 y acertaron. Una vez más somos los más pesimistas, pero en este caso del mundo no sólo de Europa, y razones no faltan.

Mucho se ha hablado estas últimas semanas de como las altas cifras de morosidad están afectando a las cuentas de resultados de las entidades financieras, sin embargo es necesario recordar que son las empresas las que están sufriendo la crisis por partida triple.

Por un lado, las empresas se están viendo afectadas por el aumento progresivo de la morosidad de sus clientes. Por otro deben enfrentarse al descenso de las ventas y al recorte del crédito o el endurecimiento de sus condiciones, lo cual está causando serios problemas de liquidez, reduciendo considerablemente el margen de maniobra y provocando que muchas compañías encuentren grandes dificultades para sobrevivir. Pero hay que tener muy en cuenta que un impago es más perjudicial para la empresa que la pérdida de una venta, ya que implica que se ha incurrido en los costes de fabricación del producto o prestación del servicio. Por eso es esencial en estos momentos calibrar el riesgo que pueda conllevar atender a un cliente, especialmente los nuevos.

Para aportar datos concretos y según el IBR, la morosidad de los clientes de grandes empresas y PYMES se incrementó de media un 66% en 2008 y más de la mitad de las empresas esperan que la tasa de impagos continúe aumentando en el transcurso de 2009. Respecto a las ventas, la situación tampoco ofrece esperanzas: el 78% de los directivos y empresarios auguran que la facturación de sus negocios disminuirá o no aumentará en el 2009 y además anticipan un estancamiento o incluso una tendencia a la deflación en los precios de venta de sus productos y servicios. Por último, un 60% de las empresas consideran que su acceso a la financiación se verá restringido a lo largo del presente año. Las cifras hablan por sí mismas.

La economía se encuentra actualmente inmersa en un círculo vicioso en el que la caída de los ingresos y la insuficiente financiación de las empresas conducen inexorablemente a la destrucción de empleo y esto a su vez genera menor demanda, aumenta la morosidad y crea un clima de desconfianza y miedo al futuro que no favorece al consumo.

En los últimos meses se han disparado en España el número de compañías que entran en proceso de Concurso de Acreedores, otras muchas se encuentran con la dura tarea de renegociar su deuda financiera y la práctica totalidad ha iniciado un drástico recorte de gastos o la reestructuración de sus negocios, pero cuando la financiación no llega y la reducción de costes ha alcanzado su límite, resulta difícil ver una salida ante unas perspectivas de caída de facturación y estancamiento o descenso de los precios de venta.

Cómo salir de esta sombría situación
Las empresas deben concienciarse de que la liquidez es crucial en estas circunstancias y ha de anteponerse a los beneficios, sobre todo si éstos corren riesgo de no realizarse. En primer lugar, es imprescindible realizar previsiones precisas de tesorería y establecer una estrategia de generación de flujos de caja que abarque métodos de aceleración de cobros, reducción de existencias, utilización de todas las ventajas fiscales aplicables al negocio, etc., además de la consabida reducción de costes que a estas alturas la mayor parte de las empresas ya habrán llevado a cabo, al menos en parte.

En segundo lugar, hay que determinar con exactitud las necesidades de financiación de la compañía y preparar planes de negocio capaces de convencer a entidades financieras y posibles inversores en tiempos especialmente adversos. Esto es fácil de decir, pero complicado de lograr.

En tercer lugar, hay que proteger los márgenes y reestructurar los costes. Es fundamental analizar la cartera de productos, servicios y clientes y ver con claridad de dónde vienen los beneficios para concentrarse en esos segmentos. Si hubiera líneas o clientes que generan pérdidas es un excelente momento para deshacerse de ellos, liberando de esta forma capital y tiempo de gestión.

En cuarto lugar, este es el momento de buscar vías de incremento de la productividad, uno de los principales problemas de la economía española. Hay que evaluar la eficiencia de la organización, las operaciones y las herramientas e implantar métodos y procesos que maximicen el rendimiento de los activos humanos y materiales. Es necesario revisar además que la gente adecuada ocupa el sitio correcto para hacer frente a los retos y cumplir los objetivos de la compañía y asignar los recursos escasos a lo que genera máximo retorno.

En quinto lugar y ampliando la perspectiva, hay que decidir dónde poner el foco en el futuro y determinar qué hay que hacer para conseguir un negocio sostenible y rentable a medio y largo plazo. Para ello es necesario previamente haber identificado perfectamente las ventajas competitivas, las fortalezas y las oportunidades de la compañía.

Los negocios bien estructurados y dirigidos, que hacen lo que hay que hacer con agilidad y decisión, encontrarán oportunidades en la incertidumbre. Pero, como dijo Churchill, este es sólo “el final del comienzo” ya que, tras la crisis, las empresas que hayan sobrevivido deberán aprender a moverse en un entorno diferente al que hasta ahora conocíamos, con unas nuevas reglas de mercado que hasta ahora nadie se ha atrevido tan siquiera a perfilar y para las que deberemos ir preparándonos sobre la marcha.